martes, febrero 21, 2006

La Llave China

La llave china
por Marco Blus

El chinero ataca por la espalda, retuerce mi cuello, mis pies flotan en el aire, el tipo aprieta más hasta la asfixia, pierdo el sentido, después la nada, quedo tendido en la negritud de la noche, en una avenida de la ciudad.

Les dicen chineros porque aplican la llave china, te asfixian o te ponen un esparadrapo para que inhales una sustancia similar al cloroformo, te privan o te matan según sea la intención, en mi caso fue un robo. Pueden ser dos o tres chineros, son rápidos en su ataque, despojan a su presa y luego se escurren sigilosos entre las callejuelas aledañas.

Lo último que recuerdo es ver llegar a mi atacante de frente, sus ojos cual puñales refulgentes, la mirada torba y el paso decidido. El que me ahorca, hace su chamba…

Lo peor que puedes hacer es defenderte, porque ahí te pican, te filudean, un par de navajazos te dejan fuera de combate, o tal vez usen el fogón con las letales consecuencias de un balazo o la asfixia total, así que flojito y cooperando, pienso en los breves segundos que separan la vida de la muerte. Después la nada…

Entonces ahí me venadean, me ponen un cuatro, me dan en la madre y asisto a mi propio Getsemani. Ya me miro en la nota roja:


“Hombre de cuarentaypocos navajeado por chineros, muere desangrado. La ambulancia no pudo llegar a tiempo por el congestionamiento de la hora pico. No cuenta con ninguna identificación, sus señas generales…”
así igualito al de la voz.

Es ese breve tiempo en que se te cae el sistema, un apagón, black out, la nada…

Cuentan los que han estado a un paso de la muerte, que del otro lado hay una luz, que han visto a Dios o a Jesús, o bien a sus seres queridos llamándolos. Yo estoy en la playa, entre palmeras, mucho sol, no quiero regresar... ...hasta que la mujer me trae de vuelta, siento su mano moviéndome, hasta hacerme despertar.

- Ya se fueron- dice-, mira recogí tus lentes.

- ¿Quiénes? -pienso- estoy completamente aturdido.

-¿Te quitaron todo, verdad?- asiente la mujer, que solo al ponerme mis gafas alcanzo a enfocar.

- Ten - me extiende la mano y me da tres monedas de a cinco -, para que te regreses. Vete con cuidado.

Ni siquiera le alcanzo a agradecer, de pronto desparece y yo pongo pies en polvorosa para alejarme de la escena del delito, en el trayecto palpo mi cuerpo en busca de sangre o una herida, nada. Si bien me han limpiado, los hampones han actuado “profesionalmente”, ni siquiera les intereso mi viejo reloj de pulsera, iban por mi cartera, así que aprieto mi camino de vuelta a casa atravesando la ciudad.

“¿Quién mató a Norma Jean? - recuerdo la vieja canción de Bob Dylan- Yo dijo la ciudad”.

-¿Quién salvó a Marco Blus?

- Yo - me dice Dios.

Este es un testimonio de lo ocurrido el 13 de julio de 2005, uno de los muchos milagros que han sucedido a lo largo de mi vida, pero cuando era más joven que feliz, nunca tuve conciencia de ellos, pensaba vagamente que Dios tenía un plan para mi y por eso guardaba mi existencia, pero yo nunca me sentí un santón un gurú, un guía, un líder con cualidades excepcionales, pero siempre por mi bocota ha hablado mi ego…

No alcanzaba a atisbar el plan de Dios, por burro, miope, corto de entendimiento, ¿qué esperaba? ¿un e-mail del cielo de Dios para el de la voz? ¿o que me nadará un emilio con un archivo adjunto explicándome paso a paso, lo que tenía que hacer?¿ o que el plan viniera por cableacces a mi propio domicilio ? Y no se rían porque todos andamos cojeando de la misma pata, pero no hablo de ustedes sino de mi insistencia en autoboicotearme, de yo solito darme en la madre.

No fue hasta que se atravesó el Curso de Milagros por mi vida que fui entendiendo muchas de las cosas que no lograba comprender; pero déjenme les termino de contar que después de la llave china, viajé por la ciudad en medio de una gris y veloz soledad, arropada por la violencia, la prisa y el miedo, así la vuelta al hogar, desplomarme y llorar, como no lo hacía en muchos meses, años, en mucho, mucho, tiempo, pensando en que todavía no me toca…

Con la mirada en la nada, llame por teléfono a Carlos Estrada, el facilitador del Curso de Milagros y con infinita bondad y paciencia escucho el merengue de la llave china que ya les he contado, me escucho y me dijo que llorara, que las niñas de mis ojos necesitaban un baño que hace mucho les había negado y después de mucho escucharme hablar me dijo finalmente el secreto:

- Oye Marco, ya se cual es plan que Dios tiene para ti – dijo Carlos.

- ¿Cuál? – pregunte entre resuellos…

- Dios quiere que seas feliz, ese es el plan que Dios tiene para ti – me anima Carlos con una sonrisa.

En otro momento de mi vida, lo hubiera mandado a la porra, a freír espárragos y colgarle el teléfono y le hubiera dado el esquinazo al Curso de Milagros, tanto pinche alboroto para que me digan que el plan es ser feliz, sin embargo, en ese instante, ese anuncio me pareció una revelación, el mensaje que necesitaba para sanar mi alma.

En mi cabeza, escuchaba la vieja canción:


“pude ser feliz
y estoy en vida muriendo
y entre lágrimas viviendo
este drama sin final…

sombras nada más entre tu vida y mi vida
sombras nada más entre tu amor y mi amor…”


Estaba vivo, los ladrones no me habían herido demasiado, sólo estaban ahí como maestros del mal para enseñarme que la ciudad tiene sus códigos, sus reglas, que tienes que ser diestro en el arte de la simulación y la acechanza, porque camarón que se duerme amanece en el mercado o vapuleado por una llave china.

Los chineros me enseñaron por que camino no debo volver jamás, de lo contrario vuelta a la tuerca y aprender a base de trompicones…

¿Quieres ser feliz?

¿Por qué no te das una oportunidad y te das una vuelta por el Curso de Milagros?

Del otro lado: “sombras nada más entre tu amor y mi amor…”



Marcos Blus
Saltillo, Coahuila, 29 de agosto de 2005

2 comentarios:

Carmen León dijo...

Que bueno esta tu historia Marco, porque realmente nos enseña que entre todo el caos, nuestro único fin es ser felices y no quedarnos en

"pude ser feliz
y estoy en vida muriendo
y entre lágrimas viviendo
este drama sin final…

sombras nada más entre tu vida y mi vida

sombras nada más entre tu amor y mi amor…"



También es muy importante aprender la lección del evento, tal como tú lo dices.

Es como esto: “Cuídate que yo te cuidare”

Tanto me cuido en lo físico como me debo de cuidar en los pensamientos.

Recibe un gran abrazo

Carmen Leòn

Mcbo-Vzla

Anónimo dijo...

El curso de Milagros lo imparte Carlos Estrada, al Tel. 56742853 la sesión son todos los martes de 19:00 a 21:00 hrs en Av. Nuevo León 240, Depto. 101. Esq. Benjamín Franklin, Col. Hipodromo Condesa, México D.F