miércoles, enero 11, 2006

martes, enero 10, 2006

IV. Mansedumbre - Caract. de los Maestros de Dios




IV. Mansedumbre

Para los maestros de Dios el daño es algo imposible. No pue­den infligirlo ni sufrirlo. El daño es el resultado de juzgar. Es el acto deshonesto que sigue a un pensamiento deshonesto. Es un veredicto de culpabilidad contra un hermano y por ende, contra uno mismo. ..

...Hacer daño le confundirá, le hará abrigar sos­pechas y sentir ira y temor. Hará que le resulte imposible apren­der las lecciones del Espíritu Santo. Tampoco podrá oír al Maestro de Dios, Quien sólo puede ser oído por aquellos que se dan cuenta de que h
acer daño, de hecho, no lleva a ninguna parte y de que nada provechoso puede proceder de ello. Los maestros de Dios, por lo tanto, son completamente mansos.
Necesitan la fuerza de la mansedumbre, pues gracias a ella la función de la salvación se vuelve fácil. Para los que hacen daño, llevar a cabo dicha función es imposible. Pero
para quienes el daño no tiene significado, la función de la salvación es sencillamente algo natural.

...El poder de los maestros de Dios radica en su mansedumbre, pues han entendido que los pensamientos de mal­dad no emanan del Hijo de Dios ni de su Creador. Por lo tanto, unen sus pensamientos a Aquel que es su Fuente. Y así, su voluntad, que siempre fue la de Dios, queda libre para ser como es.


Cap. 4 Manual para el Maestro. Un Curso de Milagros.


[Características de los Maestros de Dios]





lunes, enero 09, 2006

Desconocen el tiempo

El espíritu, Dios, el amor,
son eternos, intemporales,
desconocen el tiempo.

Es decir que no están constreñidos al espacio y tiempo, por tanto no puedo tenerlos en el pasado o en el futuro dado que están aquí, en este presente contínuo, esperando a que los elija.

¡Qué buena noticia!

viernes, enero 06, 2006

Mi corazón late en la paz de Dios

Amado Padre Celestial...









Mi corazón late en la paz de Dios.

Me rodea toda la vida que Dios creó en Su Amor.
Me llama en cada latido y en cada respiración;
en cada acción y en cada pensamiento.
La paz llena mi corazón

e inunda mi cuerpo con el propósito del perdón.

Ahora mi mente ha sanado y

se me ha dado todo lo que necesito para salvar al mundo.

Cada latido de mi corazón me trae de paz;
cada respiración me infunde fuerza.

Soy un mensajero de Dios, guiado por Su Voz,
apoyado por Su amor y amparado eternamente
en la quietud y en la paz de Sus amorosos Brazos.


Cada latido de mi corazón invoca Su Nombre
y cada uno es contestado por Su Voz,
asegurándome que estoy en mi hogar en Él.


Amén.





Un Curso de Milagros
Lección 267
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