VI. Indefensión
Los maestros de Dios han aprendido cómo ser sencillos. No tienen sueños que necesiten defender contra la verdad. No tratan de forjarse a sí mismos. Su júbilo procede de saber Quién los creó. ¿Y acaso es necesario defender lo que Dios creó?
Los maestros de Dios han aprendido cómo ser sencillos. No tienen sueños que necesiten defender contra la verdad. No tratan de forjarse a sí mismos. Su júbilo procede de saber Quién los creó. ¿Y acaso es necesario defender lo que Dios creó?

Nadie puede convertirse en un maestro de Dios avanzado hasta que no comprenda plenamente que las defensas no son más que absurdos guardianes de ilusiones descabelladas. Cuanto más grotesco es el sueño, más feroces y poderosas parecen ser sus defensas. Sin embargo, cuando el maestro de Dios finalmente acepta mirar más allá de ellas, se da cuenta de que allí no había nada. Al principio, permite que se le desengañe lentamente . Pero aprende más rápido a medida que su confianza aumenta. No es peligro lo que llega cuando se bajan las defensas. Es seguridad. Es paz. Es gozo. Y es Dios.
Cap. 4 Manual para el Maestro
Un Curso de Milagros
[Características de los Maestros de Dios]
