Oportuno me llega este recordatorio de que no hay nada fuera de mi, de que el reino de los cielos es mi único propósito y queda tan cerca que pareciera que lo alcanzo a ojos cerrados, entre mis orejas y detrás de mis cejas.
No hay nada fuera de mi, por ende cualquier relato de "otros" no es tema, no es mi objetivo, ni siquiera lo son los temas de fidelidad, abundancia, salud, plenitud... son solamente relatos que ni siquiera pueden ser ponderados porque no son reales, no hay grados de errores, no hay técnicas para evitar errores, las ilusiones son todas ilusiones de diferencias, y en esos -aparentemente- diversos relatos puedo fácilmente con ayuda de mi experto ego confundirme y juzgar, por eso oportuno me llega este recordatorio de que no hay nada fuera de mi.
"El Espíritu Santo no te enseña a juzgar a otros, porque Él no quiere que tu enseñes error y lo aprendas tu mismo. Díficilmente sería consistente si te permitiera reforzar lo que debes aprender a evitar. En la mente del pensador, entonces, el Espíritu Santo es enjuiciador, pero sólo a fin de unificar la mente de modo que pueda percibir sin emitir juicios. Esto le permite a la mente enseñar sin enjuiciar, y, por consiguiente aprender a estar sin enjuiciar.
Este deshacimiento sólo es necesario en tu mente, para que no proyectes en lugar de extender. Dios Mismo ha establecido lo que puedes extender con perfecta seguridad. Por lo tanto, la tercera lección del Espíritu Santo es:
Estáte vigilante sólo por Dios y Su Reino."
Libro de Texto Cap.6 V.C.2
Un Curso de Milagros
A Course in Miracles
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El reino de los cielos
Tu identidad