Recurrentes y rumiantes pensamientos del ego atormentador ese que sólo sabe gastar pólvora en infiernitos, si, ya no son "canchas" son infiernitos, el de la economía, la política, la seguridad, el empleo, la familia, la educación, el tiempo, la salud, los gobiernos, el turismo, la quincena, las colegiaturas, la muela, el teléfono, el "amigo", en fin, cada quien trae el suyo.
Infiernitos de a ratos y ratos hacen de cada cotidiano afán un expediente, donde mi mente pareciera recrear constantemente escenas del crimen: ¿quién? ¿cuándo ¿cómo? ¿dónde? (recomiendo la lectura El Ego Detective Privado)

En lugar de miles y millones de momentos felices dignos de evocarse, esta pobre mente está pobremente llena de expedientes. Como en esa fotografía y como en el programa de CSI, disque buscando "justicia", cuando de sobra sabemos "justicia" es el nombre con que el ego disfraza la palabra venganza. Ah que mi ego, siempre a la defensiva, siempre con su pólvora, siempre armando líos, recreando infiernitos.
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Alto. Asumo mi responsabilidad.
No hay nada fuera de mi, todo cuanto veo es un efecto de mis pensamientos.
Pido ayuda.
Siempre se manifiesta lo que deseo.
Ahora deseo...
Que los efectos de mis pensamientos
sean coloridos y divertidos.
¡bingo!
¡concedido!
¿Puede ser tan fácil? Claro.
No lo hice yo solita:
pedí ayuda. ;)
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